Ejercicio juegos

Eran menos de las 3 de la tarde y ya el sudor rodaba sobre mis mejillas. Con barro y prisa corría por entre los árboles; guayabos, guamos y mandarinos me veían pasar. Jugaba a ''la lleva'', ese juego irreverente que no sabía de horas o lugares, de géneros o edades. ''La lleva'' hoy me trae recuerdos de tiempos que fueron y que pueden volver a ser. 

Cristhian Arcos

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